Cuando Christian “Kiki” Recino González, actual entrenadora de fútbol y maestra de geografía en W.T. White High School, se encontró en la cancha frente a la selección estadounidense de fútbol femenil de 2015, le pareció irreal.
Creció en Arlington, hija de inmigrantes guatemaltecos, viendo a estrellas como Alex Morgan y Marta Vieira da Silva en la televisión. Y de pronto, se vio jugando partidos contra ellas, vistiendo los colores azul celeste y blanco de Guatemala.
Su madre trabajó en una cafetería escolar y su padre fue conductor de camiones, pero el fútbol, no obstante, era la pasión de su padre, y pronto se convertiría en el suyo también.
“Yo lo seguía adonde fuera”, dijo González. “Jugaba en las ligas domingueras y pasado un tiempo, me apuntó. No sabía que había una liga para chicas, por lo que jugué con puros varones. Yo era la única niña en un equipo de niños”.
La gente no tardó en darse cuenta de que era buena jugando, pero los clubes costaban demasiado para la familia. Eso pudo haber puesto fin a su trayectoria, si no hubiera sido por una pequeña acción de generosidad.
“Una familia del área me ayudó dándome una beca”, dijo González. “Así que me uní al Sting Soccer Club”.
En la preparatoria, otra persona clave también la ayudó: su entrenadora, Andrea Scott. Antes de esa época, González admite que nunca había considerado al fútbol como un camino al éxito, pero Scott le dio una nueva perspectiva.
Durante un torneo de exhibición, unos cazatalentos de la selección femenina de Guatemala la vieron jugar. Al principio, pensaba que estaba en consideración para la selección sub-20, pero pronto sabría que era mucho más que eso.
“Hice la prueba, y los cazatalentos me dijeron que querían que jugara para la selección mayor. Yo apenas tenía 18 años y estaba en mi último año de preparatoria”, dijo González.
Durante los siguientes cuatro años, jugó como mediocampista central y mediocampista defensiva para Guatemala. Debutó con su equipo en la clasificatoria del Campeonato Femenil del CONCACAF 2014 y logró participar en el torneo principal.
Ser integrante de una selección no solo significaba vivir fuera, sino también llevar a la vez sus estudios y su compromiso con el deporte a nivel élite.
“Tuve que tomar clases en línea para conservar mi beca de fútbol”, dijo. “Estaba viviendo en las instalaciones, entrenaba con mis compañeras, comía con ellas. Se volvió toda mi vida, pero me encantó. Lo volvería a hacer si tuviera la oportunidad”.
El juego la llevó a estadios que solo había visto por televisión y la enfrentó contra sus heroínas cuando se le dio jugar contra el equipo estadounidense de la Copa Mundial Femenina de 2015. Aun así, lo que más le gustaba no era un gol o un trofeo, sino una canción.
“Aunque no se lo crea, era cuando cantaba el himno nacional de Guatemala”, dijo. “Veía a mis padres y a los fanáticos. Para mí, ese siempre será mi momento favorito”.
Con el tiempo, González se dio cuenta de que su equipo hacía más que solo competir.
“Me di cuenta de que estábamos abriéndole las puertas a toda una generación”, dijo. “Ahora hay otras niñas que tienen esa oportunidad gracias a nosotras. Si nosotras no lo hubiéramos hecho, quizá no habrían tenido la oportunidad”.
Tras su carrera como futbolista profesional, González probó suerte en el mundo corporativo. Después de licenciarse en Negocios en Grand Canyon University, aceptó un trabajo en una empresa de logística. Eso duró solo seis semanas.
Completó la certificación de docente y regresó al lugar donde todo había comenzado: la preparatoria. Aunque González lleva seis años enseñando, este es su primer año en Dallas ISD.
“Mi entrenadora de preparatoria hizo la mayor diferencia en mi vida”, dijo. “Quería darle algo de vuelta a la comunidad, y sabía que ser entrenadora es mi pasión”.
Como maestra de geografía y entrenadora del equipo femenil de fútbol en W.T. White High School, el mundo y el deporte están presentes en su salón.
“La geografía es genial porque se habla de todo el mundo y sus poblaciones”, dijo.
González usó el fútbol para hacer la geografía más relevante adhiriendo fotos de diferentes futbolistas al respaldar de su silla. Cada futbolista viste la camiseta de su selección.
“¿Por qué usan celeste y blanco los jugadores de Guatemala? Porque estamos entre el Caribe y el Pacífico. Todas esas camisetas tienen un significado”.
Su filosofía como entrenadora combina la tenacidad con un profundo cuidado de las jugadoras. Su día comienza a las 4:15 a.m. para estar lista a las 6:30 a.m. para recibir al equipo y empezar la práctica a las 7 a.m. Es estricta, pero su empeño está en formar líderes.
“No me gusta elegir a las capitanas”, dijo. “Les digo: ‘nos vamos a equivocar. Nadie es perfecto’. Pero en la cancha, se debe notar quiénes son las líderes. Así que en cada partido, las cambio. Eso ha desarrollado su liderazgo dentro del equipo y les ha enseñado a confiar una de otra”.
Más que nada, quiere que sus estudiantes se marchen siendo personas más fuertes.
“Si vienen al programa de fútbol, espero que un día se vayan siendo mejores personas que cuando comenzaron”.
Su mensaje para las futbolistas se trata, al fin y al cabo, de esforzarse y terminar lo que un día comenzaron.
“Nada es regalado”, dijo. “Empezar es una cosa, otra es acabar. Uno puede hacer cualquier cosa, solo tiene que esforzarse”.

