A don Gluglú le gustaba caminar en fila con los niños.
Cuando el gran pavo blanco pillaba un celular, ladeaba un poco la cabeza y posaba para la foto, como si supiera perfectamente lo que es una selfi. Seguía a las clases mientras recorrían los terrenos del Centro Educativo Ambiental, toda una celebridad de plumas entre estudiantes de Dallas ISD.
Aunque don Gluglú ya no está, su historia dice mucho del lugar del que Mark Broughton, director del Centro Educativo Ambiental, se encarga. Los animales no son meras decoraciones: son residentes cuyas vidas están entrelazadas con la vida cotidiana del centro y las experiencias educativas de miles de estudiantes del distrito que visitan cada año.
Broughton, quien se crio en el norte de Minnesota, empezó su carrera en el distrito como maestro de primer grado en Maple Lawn Elementary School. Después, como instructor de ciencias, organizaba excursiones estudiantiles al Centro Educativo Ambiental tiempo antes de que trabajara ahí. Cuando el exdirector se jubiló en 2016, vio la oportunidad de hacer de un lugar que amaba su trabajo de tiempo completo.
Que Broughton terminase trabajando en el centro era una cosa casi predestinada, pues su niñez se definió por los largos días que pasaba en el bosque tras su casa y veranos en la granja de sus abuelos.
“El patio trasero era un bosque, como el que hay aquí”, dijo. “Siempre me gustó estar afuera y trabajar con animales”.
Hoy en día, sus jornadas empiezan temprano, más que nada en el verano. Recorre los terrenos, ve cómo están los animales y procura terminar las labores de afuera antes de que se ponga demasiado caliente. Pasan vacas y un burro en el pastizal, cabras que se acercan corriendo cuando oyen a los niños por la cerca, gallinas con vidas sociales entretenidas, unos patos que nadan en un pequeño estanque y todo un elenco de mascotas de salón: culebras, tortugas, conejos y chinchillas.
“Tenemos un equipo pequeño, pero muchos animales, así que cuidarlos es todo un reto”, dijo Broughton.”Alguien tiene que estar aquí todos los días”.
Esto se echó de ver durante la tormenta de invierno de 2021. El distrito había cerrado, las calles tenían hielo y las pilas de agua se habían congelado.
“Solo se me ocurrió hervir agua en unas ollas en uno de los salones, salir y aventarla al hielo”, dijo. El agua derritió el hielo suficiente tiempo como para que las cabras y las vacas bebieran antes de que se volviera a congelar. “Estas vacas pasaron paradas a la par de ese bebedero casi toda la semana. No lo dejaban porque tenían demasiada sed”.
Estas labores exigen más que solo dar de comer y beber. El centro ha logrado crecer el rebaño, amplió el corral de las cabras, agregó un área de juegos para niños pequeños y se plantó un huerto con decenas de árboles frutales. Aún a día de hoy, Broughton puede mencionar todas las variedades sin pensar demasiado, desde peras y duraznos hasta granadas y moras.
Broughton también sabe enfocarse en las personas. Cuando los autobuses de Dallas ISD llegan, procura estar en la entrada para saludar a los estudiantes y maestros. Durante el año escolar, el centro recibe a alrededor de 20,000 estudiantes.

“Muchos niños cuando llegan no quieren estar afuera porque no están acostumbrados”, dijo Broughton. “Una vez que ven lo bonito que es el bosque mientras se pasean, o lo divertido que es darles de comer a las cabras, aprenden a valorar la naturaleza y les nace un amor por lo natural, así la cuidan cuando ya sean grandes, espero”.
Broughton se enorgullece de que el centro esté equipado para recibir a todos y cada uno de los estudiantes. Los caminos son aptos para sillas de ruedas, y su equipo diseña programas específicos para clases de educación especial y estudiantes que tienen autismo. Ahora lucha por que se instale señalización apta para personas con baja visión o ciegas en el camino del Post Oak Preserve; así, estos visitantes podrán navegar los senderos independientemente con una aplicación móvil.
“Nunca hemos dicho que no a nadie que quiera visitarnos”, dijo Broughton.
Broughton habla de la concurrencia y actividades de divulgación del centro porque es un educador que se guía por los datos, pero cuando pasa al lado de unas gallinas que se disputan su cena o una cabrita tímida que se mantiene un poco alejada del resto, la razón por la que se queda tarde y viene a trabajar los días feriados es evidente.
“Procuramos darles la mejor vida posible”, dijo de los animales. Y lo mismo quiere para los chicos que visitan, aunque sea solo por un día.
“Queremos dar a los niños la mejor experiencia cuando vengan”, dijo Broughton. “Solo pueden venir un día —cuando tienen paseo. Queremos que lo pasen bien”.

