Mientras que la mayoría de los estudiantes de prekínder pasan la mañana practicando el alfabeto, los pequeños de Gilbert Cuéllar Sr. Elementary School están ocupados cuidando de un laboratorio vivo.
En lugar de huertos tradicionales, los estudiantes trabajan con torres verticales que emiten luz, en las cuales crecen frondosas verduras suspendidas en el aire y alimentadas con un sistema que las rocía con una fina niebla.

“Lo hacen todo con las manos. Tocan todo, siembran semillas y ponen unas canastitas pequeñas dentro de la estructura de cultivo, y pueden escuchar el agua salir de la máquina”, dijo Rocío Martínez, maestra bilingüe de prekínder 4. “Ven con sus propios ojos que no se necesita suelo o un espacio grande: solo un espacio pequeño con agua, luz y algunos nutrientes”.
Los estudiantes de Martínez están aprendiendo sobre la aeroponía, un método de cultivo que cambia el suelo por un rocío rico en nutrientes que acelera el crecimiento de las plantas. Este método tecnológico permite que los niños de cuatro y cinco años observen todo el ciclo de vida de una planta, desde las primeras raíces blancas delicadas hasta la divertida cosecha final.
Si bien la escuela cuenta con un huerto tradicional desde hace años, la incorporación de las torres aeropónicas en enero cambió el ritmo del aprendizaje.
Los estudiantes han completado exitosamente tres cosechas y se planea trasladar flores cultivadas con el sistema aeropónico a un área exterior para polinizadores, lo cual beneficiará a las mariposas y abejas durante los meses de verano.
“Queríamos hacer algo innovador y sostenible en la escuela que los estudiantes pudieran observar rápidamente porque siempre tienen ganas de saber cuál es el siguiente paso”, dijo Martínez. “Ya tenemos un huerto, pero la máquina aeropónica los ayuda a entender las lecciones de ciencias más rápidamente. En tan solo cinco semanas, ya pueden ver una planta muy grande, o incluso una flor”.
Al participar activamente en cada paso del proceso, desde el monitoreo de las bombas internas que rocían las plantas hasta la medición de la extensión de las hojas y la salud de las raíces, los estudiantes adquieren conceptos de STEM complejos naturalmente. Cuando los estudiantes nutren sus plantas y prueban las verduras que cultivaron ellos mismos, desarrollan un sentido único de empatía y responsabilidad para con el mundo a su alrededor.
Al integrar esta tecnología en la educación infantil, Cuéllar Elementary garantiza que la próxima generación considere la sostenibilidad su segundo idioma al transformar el futuro de la agricultura.“Desde mi punto de vista, la sostenibilidad es el futuro de los alimentos”, dijo Martínez. “Esta máquina nos dio la expectativa de algo real en un espacio reducido, sin dañar el suelo. No solo estamos enseñándoles para el siguiente grado: les estamos enseñando a ser buenas personas. Este es el mejor lugar donde se les puede enseñar todo lo que pueden hacer”.
