A Meghan Royal, enfermera y coordinadora de seguridad en School for the Talented and Gifted in Pleasant Grove, no le gusta alardear de sí misma.
Se considera una persona que suele echar una mano, alguien que se siente más a gusto cuidando de los demás que estando en el foco de la atención. Pero cuando empieza a hablar de los estudiantes y su escuela, es evidente por qué merece ser reconocida.
El Día Nacional del Enfermero, el 6 de mayo, se conmemora para reconocer la labor que los enfermeros realizan todos los días con el fin de mejorar la salud y el bienestar de sus comunidades, y, en el caso de los enfermeros escolares, de sus escuelas.
Antes de trabajar en una enfermería escolar, Royal tenía una carrera muy diferente. Era analista de sistemas, un trabajo que disfrutó mucho. Aun así, algo más la llamaba. La atención médica estaba en su ADN.
“Vengo de una familia de proveedores médicos”, dijo Royal. “Mi padre y mi abuelo eran farmacéuticos”.
Durante un tiempo, la farmacia parecía ser su camino, pero ese campo estaba cambiando.
“Era cuando los farmacéuticos estaban dejando de ser dueños de sus propias farmacias”, dijo. “Más bien trabajaban en CVS o Walgreens”.
Royal buscaba algo más personal, más práctico, así que decidió que su camino sería la enfermería. Regresó a estudiar en Texas Woman’s University, obtuvo su título y empezó en enfermería psiquiátrica.
Luego, su vida volvió a cambiar. Royal se convirtió en mamá.
“Mi hija es la luz de mis ojos”, dijo. “Me di cuenta de que nuestro tiempo con los niños es breve. Lo que se puede sentir como un día cualquiera para uno, para ellos es un recuerdo significativo”.
Esa idea se le quedó grabada a Royal. Los turnos en el hospital y los veranos que pasaba trabajando no le permitían tener la presencia que quería con su hija. La enfermería escolar sí se lo permitiría.
Cuando su hija empezó kínder, Royal se fue a trabajar en la enfermería de Seagoville North Elementary School con un equipo que describió como un maravilloso grupo de personas y una escuela llena de chiquillos.
Le encantó: los niños, la comunidad y la sensación de que todos se esforzaban por los niños. Pero luego llegó la pandemia.
“En ese entonces todo se sentía menos personal porque los niños llevaban cubrebocas”, dijo. “Era muy triste”.
Conforme los estudiantes crecían y se iban a secundaria, así como se hacía más grande su hija, Royal empezó a sentir que era hora de que ella también hiciera un cambio. Ya no la intimidaba trabajar en una secundaria, más bien, se sentía como el próximo paso.
Un enfermero supervisor le mencionó una plaza abierta en TAG in Pleasant Grove y la animó a solicitarla. Cuando Royal envió su currículum, no se esperaba gran cosa tan pronto.
“Unos 45 minutos después de mandar mi currículum, el director Reymundo Guajardo Cervantes me llamó”, recordó Royal. “Dijo que les encantaría contar conmigo”.
Aunque nunca había visitado la escuela, había escuchado todas las cosas maravillosas que decían de ella. Royal dio un salto de fe y aceptó el trabajo. Hoy, años después, sabe que tomó la decisión correcta.

“Este es mi tercer año en TAG, y me encanta. Es un gran lugar”, dijo.
Los niños que ve ahí mantienen un desempeño muy alto, son motivados y muchas veces son duros consigo mismos. Pero su estrés no siempre parece estrés a primera vista.
“Un dolor de estómago puede ser que un estudiante esté preocupado por un examen”, dijo Royal.
Cuando llega la época de exámenes como el STAAR, los estudiantes van a la enfermería aquejados de dolores de cabeza, náuseas y dolor de estómago. A veces la verdadera necesidad no es medicina, sino un momento para respirar y que alguien los escuche.
“A veces no se trata de enfermería”, dijo, “sino de ser alguien que realmente los toma en cuenta”.
Hay días en que un estudiante puede venir con un “pequeño dolor de cabeza” y termina pasando 20 minutos con ella, simplemente platicando. Cuando se marchan, se sienten mejor, dijo Royal. No lo minimiza ni lo hace sonar extraordinario, porque para ella, es simplemente parte de cuidar de los niños.
Ese cuido no se limita a la enfermería. Royal también es la coordinadora de seguridad de la escuela. Lo que empezó con revisiones del equipo médico y los kits de seguridad se convirtió en coordinar simulacros de incendio, dirigir juntas sobre seguridad e incluso iniciar un club estudiantil de seguridad. Junto con sus estudiantes, recorren la escuela buscando barras sueltas en el patio de recreo, problemas con el suelo artificial o cualquier cosa que pueda suponer un riesgo.
Su labor fue reconocida con el Premio Águila de Seguridad 2025 del Departamento de Gestión de Riesgos de Dallas ISD y un incentivo monetario.
Su éxito, sea cual sea su título, se basa en la creencia de que los lazos personales son el núcleo de su labor. Saluda a los estudiantes en la mañana, llama a los padres seguido y quiere que las familias sientan que sus hijos son reconocidos y bien cuidados.
“Quiero que sepan que me importan, que estamos aquí para los niños”, dijo Royal.
Royal también expresa su gratitud con el Departamento de Servicios de Salud por su constante apoyo y compañerismo.
“Me gusta que nos podamos llamar y estar el uno para el otro”, dijo. “Sobre todo en tiempos de covid, nos unimos mucho como equipo. Servicios de Salud es un grupo excelente. Es una bendición que nos tengamos uno a otro, y estoy muy agradecida por eso”.
