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Hacer de los desafíos un éxito

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By The Hub on February 2, 2026 Nota Escolar

De joven, Roberto García, maestro de español y entrenador de lucha en Thomas Jefferson High School, se metía en problemas a menudo por pelear en la escuela. Aunque en su momento se lo achacaba a su impulsividad, ahora lo considera un presagio de lo que sería su pasión por el deporte de la lucha.

Su juventud fue marcada por su familia y por muchos cambios y desafíos. En 2005, su familia migró a Dallas en busca de mejores oportunidades laborales. Su madre, quien enseñaba bordado a mujeres de bajos recursos, y su padre, empleado de gobierno en Durango, México, buscaban un nuevo inicio. El cruce en sí fue arduo para su madre y su hermano, pues atravesaron el desierto durante más de una semana, pero a García se le hizo menos retador.

“Me subí a un autobús, me quedé dormido, y desperté aquí”, dijo García. “En retrospectiva, mi camino fue muy fácil. Cuando los estudiantes me cuentan por lo que pasaron ellos —que los atrapaban, que se quedaron en centros de detención, que pasaban meses viniendo de Centroamérica hasta México para luego llegar a Estados Unidos. [En comparación,] mi camino fue fácil”.

Al llegar a Dallas, García asistió a varias primarias mientras su familia buscaba trabajo. Al tener que adaptarse a un nuevo idioma y cultura, batalló para comunicarse con sus maestros. Pero fue este desafío lo que sembró las primeras semillas de su ambición académica.

“Siempre sentí, desde mi primer día en la escuela en Estados Unidos, que era mi deber representar a Durango y representar a mi familia y a México haciendo lo correcto aquí académicamente”, dijo García.

En la secundaria tuvo una revelación: García descubrió su vocación por la educación y el servicio. Mientras aprendía a dominar cada vez más el inglés, empezó a ayudar a otros estudiantes recién llegados al país, y sintió la alegría y el empoderamiento de romper la barrera del idioma.

“Ya cuando empecé a aprender el idioma, me gustó ayudar a los recién llegados traduciéndoles en mi clase de álgebra en octavo grado”, dijo García. “Me encantaba poder traducir y ver lo emocionados que se ponían. Les decía que unos dos o tres años antes, no me podía ni defender en inglés, pero que si uno se enfoca en el idioma, las oportunidades vienen”.

Como estudiante en Thomas Jefferson High School, García encontró una comunidad y oportunidades. A través del programa Patriot Ambassador, iniciado por Johno Oberly, maestro de álgebra de noveno grado, un grupo de estudiantes del que García formaba parte trabajó por mejorar la cultura escolar, abordando temas como la rotación de maestros, sugerencias de mejoras a los educadores y el fomento del orgullo escolar.

“El Sr. Oberly nos dio las herramientas para identificar cosas en la escuela que queríamos mejorar y cómo proceder”, recuerda García. “Así que siguió fomentando ese interés en la educación y, lo más importante, en dejar esta escuela mejor para la próxima generación.

Al graduarse e abodar por primera vez el sistema universitario estadounidense siendo estudiante indocumentado, García se enfrentó a la falta de acceso a ayuda financiera, pocas oportunidades y, en casa, el dolor que le causó el divorcio de sus padres. Gracias a la ayuda de mentores y de un benefactor que pagó su solicitud de la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés), García se matriculó en la Universidad del Norte de Texas y se convirtió en la primera persona en su familia en recibirse de una universidad de cuatro años.

“Me recibí sin ningún préstamo; pagué de bolsillo”, dijo García. “No lo hubiera hecho de ninguna otra manera porque la experiencia me enseñó el valor del dinero. Me dio otra perspectiva, y es por eso que ese título me es tan importante hoy”.

Luego de tener algunos trabajos en administración de almacenes y en seguros, García encontró su verdadera vocación de vuelta en Thomas Jefferson. En 2022, alentado por una publicación en Facebook y su deseo irrefrenable de servir a los demás, se convirtió en maestro de español avanzado, y poco tiempo después, en entrenador de lucha.

Pese a que no tenía experiencia en ese deporte, García aprovechó los años que pasó practicando boxeo y su aferrada determinación. Se apoyó de sus colegas, amigos del gimnasio George’s MMA and Boxing Gym, y de su fe para formar un programa que creció rápidamente. Hoy, su programa cuenta con más de 50 estudiantes, hombres y mujeres.

García está particularmente orgulloso de las luchadoras femeninas, y las describe como algunas de las deportistas más tenaces que ha conocido. Bajo su guía, el programa ha crecido hasta incluir a 27 luchadoras, formando así equipos “varsity” y “junior varsity”, e incluso es de donde salió la primera luchadora universitaria de Thomas Jefferson.

“Creo genuinamente que lo que las trae es la transformación que ven en sí mismas, no solo físicamente, sino también personal y mentalmente”, dijo García. “Si tienes la disciplina de mantener tu peso, terminar una temporada y de luchar aunque estés cansada o lesionada, te das cuenta de que puedes hacerlo todo en la vida”.

El método principal de García es la autenticidad. Le es importante conocer a los estudiantes como individuos, reconocer sus dificultades y apoyarlos de manera holística.

“No hay un solo sistema que funcione para todos a la hora de enseñar a jóvenes. Uno debe conocer a cada individuo, descubrir qué los emociona y qué no”, dijo.

Sus lecciones combinan estructura con flexibilidad, y alientan la autonomía, la comunidad y el esfuerzo.

“Mi filosofía se basa en que el trabajo duro da frutos, y que nadie nos va a dar nada gratis, y nadie nos va a venir a salvar”, comentó.

García sueña con formar no solo a campeones de lucha, sino líderes resilientes y compasivos. Espera institucionalizar la lucha en toda la comunidad, abrir su propio gimnasio y seguir siendo un pilar de Thomas Jefferson, todo mientras inspire a estudiantes como lo fue él a superar sus circunstancias.

“Mi objetivo definitivo es proveer oportunidades a los estudiantes y contribuir a la comunidad que me ha apoyado”, dijo García. “Si mis estudiantes me recuerdan por algo, quiero que sea que nuestro sufrimiento tiene importancia, y que si queremos algo en la vida, debemos trabajar por ello. Cuando las cosas se ponen fuertes, uno tiene que serlo aún más”. 

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