Mes Nacional de la Concientización sobre la Dislexia: El código de las letras

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A los ocho años, John Paul González sentía que le hacía falta mucho por aprender y rezaba por que pudiera leer algún día. A la hora de dormir, solía colocar un libro debajo de su almohada para pedirle a Dios que le ayudara a descifrar aquellas letras.

Sus plegarias tuvieron respuesta el próximo año cuando su maestra de tercer grado le dijo a su madre que creía que su hijo tenía dislexia. Después de ser evaluado y recibir apoyo adicional, González pudo descifrar el código de las letras y leer.

“De no haber recibido los servicios, casi le podría garantizar que hubiera dejado los estudios”, dijo. “Así de importante fue en mi vida”.

En la actualidad, González es evaluador de dislexia y terapeuta que obtuvo su licencia en 2006 y ayuda a los estudiantes de Dallas ISD a descifrar el código de las letras para que ellos también lean al nivel académico debido y alcancen el éxito. Con 147 terapuetas y 27 evaluadores, Dallas ISD tiene uno de los programas de dislexia más grandes del país, lo cual ha beneficiado a estudiantes que, como promedio, son diagnosticados dos años más temprano que hace tres años. Dallas ISD da servicios de dislexia a más de 3,600 estudiantes, y el Mes Nacional de la Concientización sobre la Dislexia, celebrado en octubre, resalta la diferencia que estos programas marcan en la vida de los estudiantes.

Es importante hacer hincapié en la dislexia porque los estudios indican que hasta entre 15 y 20 por ciento de la población podría tenerla sin que se le haya diagnosticado.

“A veces hay niños que tienen coeficientes intelectuales muy altos que se desempeñan a un nivel promedio o un poco superior que logran lidiar con sus estudios hasta que llegan a cierta edad”, dijo González. “Memorizan y usan sus habilidades cognitivas para tener un buen rendimiento, pero cuando el rigor académico llega a cierto nivel, ya no les funciona”.

Mientras más temprano se realice el diagnóstico, mejor será para los estudiantes ya que recibirán la ayuda que necesitan para tener éxito, sea en terapia y con adaptaciones 504 para que puedan prosperar en un salón de clases general o con otros servicios de educación especial que los ayudarán a lograr grandes avances en su educación.

“Sabemos que las investigaciones muestran que la identificación y el apoyo temprano son claves”, dijo González. “A una temprana edad pude sobrellevar la situación. Cuando nos enfrentamos a problemas en algo tan importante como la lectura y aprendemos a sobreponernos a ellos, es un logro inigualable. Aún se me dificulta el poder distinguir entre los sonidos de la i y la e. Incluso hoy día, de adulto, tengo que usar el código, para escuchar el sonido inicial y la palabra clave”.

A menudo los padres notan en casa que sus hijos tienen problemas pero no siempre los relacionan con la dislexia. Por eso los maestros reciben capacitación especial para poder identificar más fácilmente los indicios de la dislexia y hacer una remisión.

Los estudiantes se someten a una prueba cognitiva para determinar el lenguaje que dominan. Una vez que el evaluador tiene la información, utiliza los datos para definir el nivel de apoyo que necesita el estudiante. El apoyo se realiza en español o inglés, dependiendo del idioma que el estudiante domina. Si el estudiante habla español, la terapia se lleva a cabo en dicho idioma y después se transfiere al inglés. El programa Esperanza enseña y apoya la adquisición del español y después los estudiantes hacen la transición al programa Wilson Reading en el que aprenden la morfología del inglés y estudian el idioma. En Dallas ISD se utiliza un programa instructivo que usa las modalidades visuales, auditivas, cenestésicas y táctiles que ayuda a los estudiantes a descifrar el lenguaje.

A González le tomó aproximadamente un año para poder cambiar la manera como su cerebro procesa el lenguaje. El poder compartir su experiencia y su lucha con otros padres y maestros es importante para González. Les demuestra que se puede alcanzar el éxito después de un desafío.

“Lo primero que cambió para mí fue mi seguridad”, dijo González. “Solo necesitaba una manera diferente de descifrar el código—la lectura es un código. Se me alumbró un camino que podía ver y seguir. Soy un terapeuta con licencia porque a la edad de 8 años recibí los servicios de dislexia que cambiaron mi vida”.

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