El interés de los estudiantes en las artes culinarias crece cada vez más en Henry W. Longfellow Career Exploration Academy, y ahora ese interés se ha convertido en un nuevo programa de la escuela.
Y ahora, su deseo se ha vuelto realidad.
“Se debería ofrecer un programa culinario en todas las escuelas porque aprender a cocinar es una necesidad humana básica, y además, enseña organización, investigación y aprecio hacia las culturas del mundo. Uno se vuelve mejor persona”, dijo Emily S.
Longfellow es la única secundaria de Dallas ISD en ofrecer artes culinarias, y la escuela está clasificada entre las 10 mejores secundarias de Texas, según el “U.S. News & World Report”.

Una muy solicitada especialización, su secuencia comienza con clases en hospitalidad y turismo y culmina con artes culinarias una vez que los estudiantes completan octavo grado.
“Investigamos sobre hoteles y diseñamos uno propio”, dijo Azirah S. “Este programa me enseñó organización y pensamiento crítico. Me gusta divertirme aunque estemos en un entorno educativo”.
Inspirándose en su experiencia de 16 años como maestra de ciencias, Kathryn Holmes usa un método de laboratorio al enseñar culinaria, enfatizando la estructura y la comprensión del porqué tras cada técnica.
“Han estado en la cocina lavando la vajilla, desinfectando, organizando, cortando vegetales y sacando la basura; están aprendiendo cómo se maneja una cocina de verdad”, dijo Holmes. “Hay muchas oportunidades para crecer y medios de expresión creativa en este programa”.
Sus lecciones suelen crear un vínculo entre la gastronomía, la historia y la cultura. Por ejemplo, los estudiantes han explorado los orígenes de las gaseosas y por qué se servían en farmacias, y recientemente visitaron el Ritz-Carlton, donde conocieron a un chef ganador de una estrella Michelin y observaron de primera mano las funciones de una cocina profesional.
“Hemos aprendido a organizar una cocina y hacer la ‘mise-en-place’, que es ‘poner todo en su lugar’ en francés”, dijo Mia L. “Cuando sea grande, me ayudará a organizarme en mi cocina, porque de otro modo no lo hubiera hecho”.
Los estudiantes también se pusieron manos a la obra al hacer laboratorios gastronómicos de degustaciones de sal, de hacer mantequilla, de preparar en el microondas pasteles de lava y paquetes de ramen y de hacer ensaladas con aderezos caseros.

Al final de octavo grado, los estudiantes tienen la oportunidad de conseguir una certificación de manipulador de alimentos.
Este año, cerca de 150 estudiantes han conseguido la suya, terminando sus estudios en Longfellow con buenas habilidades de comunicación, una profunda comprensión del profesionalismo y una perspectiva clara de los muchos caminos que una carrera en la hospitalidad puede ofrecerles.




