Antes de ser consejera, Verónica Luna ya conocía el impacto que una puede tener.
Luego de perder a su padre en primaria, Luna dice que su consejera se convirtió en un apoyo siempre presente, una experiencia que nunca olvidó.
“En ese entonces, ella me ayudó a entender y me cuidó, lo que dejó huella en mí”, dijo. “Eso me ayudó a encontrar mi camino y me motivó a ser un apoyo como ella para mis estudiantes y sus familias”.
Hoy, en su tercer año como consejera y su 15.º año trabajando en Dallas ISD, Luna, junto con su colega Krystal Sánchez, brinda apoyo a los estudiantes de Eduardo Mata Montessori School.
Para Sánchez, el rol representa un crecimiento profesional, pero también un regreso a sus raíces. Ella se crio en el vecindario que rodea Mata, asistió a Woodrow Wilson High School e inscribió a su hijo en Mata antes de que se transformara en un colegio Montessori.
Y cuando una plaza de consejero se abrió este año, sintió que era su oportunidad.
Juntas, las dos consejeras apoyan a los estudiantes con sus necesidades académicas, sociales y emocionales como parte del equipo administrativo escolar.
Y para Sánchez y Luna, cada día es diferente.
Sus funciones abarcan lecciones en los salones de clase, consejería individual y en grupo, seguimiento de progreso académico, reuniones con los padres y organización de eventos escolares. También están presentes a la hora de la entrada, el almuerzo y la salida, momentos que consideran oportunidades para tender lazos.
Suelen describirse como las primeras personas en la escuela en responder a situaciones emocionales, apoyando a los estudiantes durante momentos críticos a la vez que los ayudan a desarrollar habilidades sociales y de afrontamiento que puedan usar durante toda la vida.
Ambas consejeras afirman que la Iniciativa de Excelencia para Consejeros Escolares las ayudó a concretar su rol y les permitió enfocarse más en las funciones primordiales de la consejería.
“Nos encontramos en muchas situaciones en las que no se nos ve, por lo que nuestras contribuciones no siempre son reconocidas”, dijo Sánchez. “Siento que el plan que seguimos puede ser beneficioso al despejar confusiones y proveer indicadores claros para identificar y comunicar nuestras fortalezas y áreas para mejorar”.
Para Sánchez, los momentos más gratificantes son aquellos en que ve a sus estudiantes seguir sus consejos, mejorar su comportamiento y sentirse más confiados con el tiempo.
Ya que Dallas ISD se ha enfocado en el legado este año, Sánchez espera que el suyo en Eduardo Mata sea de cuido y constancia.
“Quiero que me recuerden como alguien de fiar, alguien de quien pueden depender”, dijo. “Alguien que crea un entorno seguro para que los estudiantes puedan sentir lo que sienten, se expresen de manera efectiva y crezcan”.
En cuanto a Luna, ella espera ser conocida como alguien que ayudó a que sus estudiantes se sintieran tomados en cuenta y seguros.
“Quiero que me recuerden como alguien que realmente escuchó, abogó por ellos y los ayudó a crecer para ser personas seguras que creen en sí mismas, en sus futuros y en su capacidad de alcanzar sus metas pese a los obstáculos”, dijo. “Ser una presencia segura y permanente es una parte importante de esta labor”.
