Todos los días en Innovation, Design and Entrepreneurship Academy at James W. Fannin, los estudiantes sueñan con maneras de resolver problemas que la mayoría de los adultos apenas notan.
Un grupo imagina una máquina expendedora llena no de papitas y dulces, sino desodorante, crema para la piel, lápices, bolígrafos, toallas sanitarias e incluso suéteres que cumplen con el código de vestimenta.
Otro quiere rediseñar la correa de los gafetes estudiantiles para que se sienta más como un accesorio. Y otro grupo más contempló los pasillos y llevó a cabo una campaña para decorarlos con arte estudiantil que mejoraría la cultura escolar.
Kathryn Cates, la maestra que está haciendo del emprendimiento un medio para que los estudiantes den nueva forma a su mundo, dice que estas son ideas simples pero que resuelven problemas reales a los que se enfrentan los estudiantes todos los días. Para ella, el emprendimiento es más que formar al próximo CEO: es enseñar a los estudiantes que sus ideas tienen peso en el mundo real.
“Lo bueno del emprendimiento es que está lleno de creatividad. Exige a los niños resolver problemas de manera natural”, dijo. “Les exige mirar el mundo y pensar en los problemas que existen. Los estudiantes se entusiasman mucho por eso porque quieren abordar los problemas que ven a su alrededor, por más pequeños que sean”.
Originaria de Dallas, Cates tiene raíces muy profundas en Dallas ISD, pues tanto su madre como su abuela son orgullosas graduadas del distrito. Luego de recibirse de la universidad, Cates pasó más de una década como maestra en un sistema escolar público urbano de gran tamaño en Portland, a menudo trabajando con comunidades de bajos ingresos. Después de un tiempo, se cambió a un puesto de apoyo muy parecido al trabajo de subdirector: desarrollo profesional, servicio de mentor, disciplina y justicia restaurativa.
Cuando Cates llegó por primera vez a IDEA, su trabajo parecía estar hecho de muchos: daba Gobierno, Economía, un semestre de Psicología, un año de Emprendimiento y se encargaba del anuario también. Luego asumió también las responsabilidades de bibliotecario cuando la escuela fue afectada por recortes presupuestarios.
Cate ya estaba integrando economía y el “lado empresarial de la historia” en la enseñanza cuando IDEA empezó a buscar a alguien que se dedicara a largo plazo al programa y a los estudiantes.
Aceptó hacer una certificación de negocios, aprobó con facilidad el examen y empezó su nuevo trabajo como maestra de emprendimiento.
“Mi objetivo ha sido que los niños se sientan apasionados por el emprendimiento porque lo que el emprendimiento nos enseña no es solo gestionar un pequeño negocio, sino que es una variedad de habilidades que uno necesita para hacer cualquier cosa en la vida”, dijo.
El programa que dirige Cates es de cuatro años. Los estudiantes de noveno grado empiezan con las bases de la economía estadounidense y el capitalismo, y en décimo empiezan a concebir ideas de negocios. En los últimos dos años, los estudiantes construyen prototipos, realizan investigaciones de mercado y se preparan para la fuerza laboral a través de prácticas.
“Lo que me emociona a mí es que es una oportunidad para que los jóvenes inventen algo y se sientan apoyados para hacerlo realidad”, dijo Cates. “Eso no es algo que podemos hacer frecuentemente con los jóvenes en un salón de clases”.
En sus clases, los estudiantes investigan mercados, redactan planes de negocios y los presentan a adultos de su comunidad. Cates los insta a que traten ese trabajo como experiencia laboral real que pueden incluir en su currículum. Con el tiempo, ha visto a estudiantes que antes se rendían apenas se encontraban con una dificultad empezar a aceptar críticas, revisar sus ideas y volverlo a intentar.
“Quiero inspirarlos a graduarse y hacer que las cosas con las que sueñan se vuelvan realidad”, dijo Cates. “Creo que mi legado sería ver a los jóvenes en 20 años aportando innovaciones y cambios al mundo”.

