Para la mayoría, una baja en la temperatura significa echar mano de un abrigo. Pero para Duran Hargest, director de Servicios Vehiculares, significa movilizar a un equipo de 56 técnicos que se aseguran de que más de mil vehículos, incluyendo los casi 900 autobuses escolares y un nuevo conjunto de 17 buses eléctricos, estén listos para salir a la carretera.
Las operaciones vehiculares de Dallas ISD hacen más que transportar estudiantes. Ya sea reparar la llanta de un carro patrulla o preparar un autobús para el invierno, Hargest considera a su departamento un pilar importante del distrito.
“Mi departamento apoya a todo el distrito, sea el equipo de calefacción, o el de mantenimiento, informática o la policía”, dijo. “Somos un departamento bastante nuevo, con pocos años, pero nuestro objetivo es prestar un servicio al cliente excepcional”.
Autobuses eléctricos
Este es el primer año en que el distrito pasará el invierno con buses eléctricos. Si bien Texas no es conocido por tener épocas de frío extremo, el tiempo impredecible exige que el departamento deba prepararse para cualquier cosa, como calles cubiertas de hielo o apagones. Hargest señaló que, aunque la temperatura rara vez dura mucho tiempo debajo del punto de congelación, las olas de frío repentinas pueden reducir la capacidad energética de los vehículos eléctricos entre un cinco y un 15 por ciento.
Con el fin de mitigar la reducción de capacidad energética y mantener los autobuses funcionando, Dallas ISD emplea sistemas termales para baterías.
“Nuestros autobuses están equipados con un sistema termal para baterías, el cual hace pasar refrigerante por las celdas de las baterías para mantenerlas frías en el verano. Luego, se usa ese mismo refrigerante para calentarlas durante el invierno”, dijo Hargest. “Ayuda mucho cuando llegan las temperaturas verdaderamente heladas”.
Según Hargest, cuando la temperatura desciende por debajo de los cero grados Fahrenheit (–17 ºC), Servicios Vehiculares ajusta las rutas o sustituye los buses eléctricos por otros de diésel, según sea necesario.
En verano como en invierno
La preparación de los cientos de buses de diésel y gasolina, sin embargo, se trata menos de electricidad y más de química. Cada otoño, se les suministra gasolina apta para el invierno, diseñada para calentarse más fácilmente al arrancar en frío.“Cambiamos el combustible del verano al del invierno”, dijo Hargest. “La gasolina para el invierno ayuda al arrancar en frío y no se pone espesa”.
El departamento trabaja con proveedores para que los tanques de combustible ubicados en varios sitios y los autobuses cuenten con aditivos que impiden que la gasolina se vuelva espesa y que tratan el agua, lo que mantiene los motores funcionando sin importar las condiciones climáticas.
Hargest señaló que la mayoría no sabe que los autobuses no tienen un termostato como el de un carro, por lo que no pueden cambiar de temperatura fácilmente.
“Cuando se acerca el Día de Acción de Gracias, pasamos los autobuses de modo verano a modo invierno”, dijo Hargest. “Tenemos que levantar la cubierta del motor y girar las válvulas para apagar el sistema de aire acondicionado y encender los calefactores. Solo se puede tener un modo a la vez; no podemos cambiar de calor a frío en cualquier momento. Cuando se acerca el receso de la primavera, lo volvemos a cambiar”.
Movilizar al equipo
El combustible adecuado es solo una parte de la ecuación. Cuando se aproxima una tormenta de invierno, Hargest es el primero en mirar el radar. Aun cuando el distrito cierra y no recibe a los estudiantes, los técnicos vehiculares trabajan, pues son clasificados como personal esencial.
“Me reúno con mi equipo o les mando un texto. Vamos a los centros de servicios para quitar el hielo de las caminos, echar sal para la tracción y asegurarnos de que los centros estén listos para cuando las escuelas vuelvan a abrir”, dijo. “En las mañanas con menos hielo, los técnicos llegan una hora antes para usar las pinzas para encender los autobuses que puedan batallar en condiciones heladas”.
El mantenimiento es un esfuerzo en equipo, y cada 5000 millas, cada bus es sometido a una revisión preventiva integral: fluidos, frenos, focos, incluso botiquines de primeros auxilios. Y la clave tras este esfuerzo es la colaboración entre conductores y mecánicos.
“Los conductores dependen de nosotros para mantener los buses listos, pero nosotros también dependemos de que ellos reporten cualquier problema antes de empezar la ruta”, dijo Hargest.
El desafío de la infraestructura
Hargest, exalumno de Booker T. Washington High School for the Performing and Visual Arts y veterano del Ejército con 26 años de experiencia en la mecánica, es fan de los nuevos vehículos eléctricos.
“No hay que preocuparse por el combustible ni el aceite, solo tengo que ponerles llantas y frenos”, dijo. Pero no pierde de vista los desafíos, sobre todo los que tienen que ver con la infraestructura.
Aunque algunos centros de servicio están preparados para el futuro con suficientes cargadores de alta capacidad, otros requieren de algunas actualizaciones eléctricas integrales. La expansión es metódica, y cada paso es evaluado por contratistas para asegurar que el distrito cumpla con las necesidades de carga eléctrica actuales y futuras.
La transición a los vehículos eléctricos aún se encuentra en sus primeras etapas. Los conductores se están familiarizando con los autobuses, y los autobuses se están familiarizando con los conductores, según Hargest. El frenado regenerativo, la planificación de rutas y la conducción en condiciones frías afectan la autonomía de la batería y lo mucho que uno puede confiar en ella. Las capacitaciones extensas ofrecidas al personal y los protocolos de comunicación clara son esenciales para adaptarse a estos cambios.
