Este es tu hogar: estudiante del superintendente superó la timidez para convertirse en vendedor reconocido a nivel internacional

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Joe Soliz estudió bajo el liderazgo del entonces maestro Michael Hinojosa, conoció a su esposa en W. H. Adamson High School hace casi 40 años y desarrolló la confianza en sí mismo para convertirse en un vendedor internacionalmente reconocido.

Las lecciones que aprendió en su alma mater lo llevaron al éxito como asistente de gerente de cuentas clave en Yakult Honsha, corporativo con sede en Japón que produce una bebida probiótica con renombre internacional.

Este es tu hogar: estudiante del superintendente superó la timidez para convertirse en vendedor reconocido a nivel internacional
Joe Soliz en W. H. Adamson High School, su alma mater desde hace 40 años.

“Fue un shock para mí cuando entré a Adamson por primera vez. Era muy tímido y estaba intentando encontrar mi zona de confort”, dijo Soliz. ”Mis hijos, que ya están grandes, y yo nos encontrábamos con personas con las que estudié en la preparatoria que decían: ‘Oh, tu papá se creía el mejor de la escuela’. Es cierto porque en Adamson aprendí a presentarme bien y mis hijos saben que sigo haciéndolo”.

Soliz nació en Waco, creció en Oak Cliff, asistió a W. E. Greiner Middle School y empezó la preparatoria en Adamson en 1979. Si bien era tímido, se unió al equipo varsity de fútbol americano, practicó atletismo y jugó fútbol. Luego de graduarse, Soliz entró a la fuerza laboral, pues fue contratado en un supermercado.

A lo largo de su carrera, fue ascendiendo hasta ser contratado por Yakult Honsha hace 10 años, y actualmente está a cargo de vender el producto de la compañía a cientos de supermercados y asegurar que los estantes siempre estén abastecidos con botellas de Yakult. Supervisa las relaciones con supermercados y tiendas de autoservicio en el medio oeste del país, desde Texas a Chicago, y toda la costa este, desde la Florida a la frontera con Canadá. Hace pocos años, Soliz fue reconocido en Tokio como el vendedor de Yakult número uno del mundo.

Joe Soliz facilitó una donación masiva de productos para Dallas ISD. La compañía donó aproximadamente 3,900 cajas (valoradas en $116,610) para las escuelas, las cuales fueron repartidas a maestros y personal durante la Semana de Reconocimiento a los Maestros. Unas 585 cajas adicionales (valoradas en $17,491.50) fueron donadas al Departamento de Servicios de Alimentos y Nutrición Infantil para distribuirlas en los eventos de comida para llevar.

Es padre orgulloso de tres hijos, tiene siete nietos y estuvo casado con su esposa, a quien conoció en la cafetería de Adamson en 10o grado, por cerca de 40 años. Hablamos con Soliz sobre el impacto que tuvo Adamson High School en su vida.

Cuéntenos del momento que cambió su vida en Adamson.

A principios de la década de 1980, siempre veía a muchos estudiantes bailar en el escenario durante las asambleas escolares, pero nunca a ningún hispano.

Mi amigo Richard Blackmore y yo teníamos mucha energía. Perfeccionamos nuestros bailes y me sugirió que bailáramos durante una asamblea escolar. Practicamos un par de días, pero nunca resultó en nada. Luego me llamó una mañana y dijo: “Ven a la escuela bien vestido porque hoy es el día”.

Me subí al escenario y toda la escuela me miraba y me dio terror. Empezó la música y ¡bum! Bailé por un par de minutos y poco a poco me bajé de la tarima bailando. Miré por las cortinas y todo el mundo estaba saltando y vitoreando. Ese día, todo cambió. Ahora todos me conocían.

Joe Soliz en W. H. Adamson High School, su alma mater desde hace 40 años.

 

Ese probablemente fue uno de los momentos más destacados, aunque aterrador, de mi tiempo en Adamson. Pero lo hice. Tomé ese paso para salir de mi zona de confort, cobré una energía más positiva y cambié la cultura de la escuela.

¿Qué es lo que más recuerda del Dr. Hinojosa cuando era maestro en Adamson?

Si mal no recuerdo, el Dr. Hinojosa fue mi maestro de Inglés en 9o grado, y me dejó impactado.

“Para mí, fue un poco difícil dejar de ser tímido y descubrir quién era. Cuando vi al Sr. Hinojosa, me di cuenta de que él ya lo había logrado. Era extrovertido y no escondía su personalidad.”

Recuerdo que él se destacaba de los demás también porque era un hombre hispano que trabajaba como maestro. No se veía a muchos hombres hispanos en esa profesión, menos en los años 70. Los trataba a todos igual, fueran hombres o mujeres, afroamericanos, blancos, hispanos o asiáticos. En su salón, nadie era mejor que nadie. Los trataba a todos con respeto. Era honesto y siempre sonreía, como ahora. Para mí, se ve exactamente igual a aquel entonces.

Cajas de producto que fueron donadas a Dallas ISD gracias a los esfuerzos de Soliz.

Se hacía notar. Incluso cuando no era maestro de uno, siempre se aseguraba de que los estudiantes estuvieran haciendo lo que tenían que hacer. Paraba a los estudiantes que andaban corriendo en los pasillos y les preguntaba: “¿Adónde van? ¿Dónde está su pase? ¿Cómo voy a saber que vas a tu práctica de fútbol americano?”.

Me imagino que como maestro, ha de ser imposible recordar los miles y miles de estudiantes que entraron y salieron por tus puertas. Pero si nosotros, los estudiantes, recordamos a algún maestro, es porque nos impactó y esa es la clave.
Sé que nos impactó a muchos. Me causó una impresión a mí, y cuando lo veo, siempre recuerdo que el Sr. Hinojosa, hoy el Dr. Hinojosa, fue un gran maestro.

¿Qué aprendió en Adamson que sigue aplicando hoy en día?

Lo que aprendí en Adamson es nunca tener miedo de tomar el siguiente paso, y no dejar que nadie me detenga por mi etnicidad.

Recuerdo que una vez, caminando por el pasillo, el Dr. Artmann [director de Adamson de 1973 a 1985]me pidió que me acercara a él. Me dijo: “No dejes que nadie te diga que no puedes lograr algo”. Le pregunté por qué me lo decía, y me respondió: “Pues, te vi en la práctica. Oí que el entrenador te dijo que no puedes ser corredor porque eres demasiado pequeño. No dejes que nadie te diga lo que puedes o no puedes hacer”.

Joe Soliz en W. H. Adamson High School, su alma mater desde hace 40 años.

Se me grabó lo que me dijo. Me hizo sentirme seguro de mí mismo. Eso lo aprendí en Adamson y aún me siento así hoy en día.

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