Maestra de L. O. Donald Elementary School se jubila luego de 51 años de carrera

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Mary Crossland fue parte del primer grupo de educadores afroamericanos que ejercían cuando se puso fin a la segregación y se integró a escuelas de mayoría blanca a principios de la década de los 70.

Sus colegas celebraron con ella los 51 años que trabajó en Dallas ISD y su compromiso a L. O. Donald Elementary School, donde dio clases por 49 años, durante una ceremonia el 22 de junio de 2021.

“Fue un honor para mí trabajar aquí con usted”, dijo Kathryn Carter, directora de L. O. Donald. “Siempre le agradeceré todo lo que hizo por los estudiantes. Lo único que puedo decir es que seguiremos así. Seguiremos abriendo las puertas para usted y los niños, como lo hizo usted. Gracias por compartir sus historias con nosotros”.

Maestra de L. O. Donald Elementary School se jubila luego de 51 años de carrera
La directora Kathryn Carter (der.) felicita a la maestra Mary Crossland por sus 51 años de carrera en Dallas ISD.

Crossland se graduó como la estudiante mejor calificada de su generación en su preparatoria en New Boston, Texas. Se recibió de Prairie View A&M University y luego obtuvo su maestría en educación de la misma universidad. Se mudó a Dallas en 1969 para trabajar como maestra en Dallas ISD, su primer y único empleador.

Habló con nosotros sobre los principios de su carrera y cómo logró salir adelante en momentos complicados, y por qué decidió pasar los últimos 49 años en L. O. Donald Elementary School.

Cuéntenos sobre sus años en Dallas ISD y del fin de la segregación escolar.

Poco tiempo después de que se pusiera fin a la segregación escolar, trabajé un año y medio en J. N. Ervin Elementary School. Dallas ISD envió a ocho maestros de escuelas de mayoría afroamericana a unas de mayoría blanca durante el año escolar 1971-1972, y yo fui una de las dos seleccionadas de J. N. Ervin para ir a L. O. Donald. Fuimos las primeras maestras afroamericanas en trabajar en esa escuela.

Sí pasaron algunas cosas desagradables, y surgieron principalmente de la comunidad y los padres, y a veces hasta del personal de la escuela, porque algunos no nos querían ahí. Pero eso no me desanimó en absoluto. Yo no me rindo y sé que me habían puesto allí con un propósito. Realmente creo que me pusieron allí por un propósito y no iba a dejar que nada me ahuyentara. Sabía que tenía la capacidad necesaria y que mis estudios universitarios me habían preparado, y sabía que podía hacerlo y lo hice. Estaba decidida a quedarme y eso hice.

El personal escolar decoró la biblioteca con fotos de Crossland para celebrar su carrera.

Las demás maestras afroamericanas que fueron trasladadas a L. O. Donald como yo tuvieron experiencias similares y nos apoyamos entre nosotras. Cuando alguien tenía algún problema, lo compartíamos. Y honestamente tengo que decir que los directores nos apoyaban también. Cuando pasaban cosas malas, ellos mantenían el orden.

Cuando empecé a dar clases en L. O. Donald por primera vez, no me imaginaba que seguiría haciéndolo por 49 años.

En la preparatoria, tuvimos maestros que eran grandes visionarios. Nuestro director fue el maestro del programa para estudiantes talentosos y dotados y cuando yo cursaba noveno grado, me colocaron en un salón con estudiantes de noveno, 10o y 11o grado. Nos empezaron a preparar para lo que sabían que venía. Nosotros no sabíamos, pero ellos sí. Así que nos enseñaron muchas cosas que nos prepararon para el futuro. En 10o grado, ya estaba tomando matemáticas avanzadas, como trigonometría, que no era nada común en esos tiempos. Teníamos un director y maestros que nos agruparon y enseñaron todo lo que necesitaríamos para cuando llegáramos a la universidad.

Una de las estudiantes de la Sra. Crossland da un discurso durante la ceremonia.

La mayoría fuimos a Prairie View A&M University. Me dieron una beca de cuatro años, y estando ahí, estudiamos mucho y los profesores no se andaban con rodeos con nosotros porque sabían lo que nos deparaba el futuro. Cuando me gradué y fui a J. N. Ervin, no sabía realmente qué esperaban de mí, pero estaba lista. No dudaba de mis habilidades y no le tenía miedo al estar delante de los estudiantes. No me esperaba lo que viviría en esa comunidad, pero al vivirlo, me desagradó. Sin embargo, el director siempre nos defendió.

¿Qué es lo que más le gusta de ser maestra?

Lo mejor de ser maestro es saber, sinceramente, que estás en la mejor profesión. Somos quienes empezamos con niños que saben muy poco, y damos lo mejor de nosotros para que se conviertan en astronautas e ingenieros. Y nosotros somos la base de lo que pasa en el futuro. Formamos mentes y los encauzamos hacia el éxito.

Hay que amar trabajar con los estudiantes. Uno tiene que ser especial como para decir: “Sí, me quedo contigo hasta las 5 p.m. si es necesario para que aprendas a hacer aquello que aún no has dominado”. Se requiere de alguien especial. Hay que amar trabajar con los niños y ayudarlos.

Estudiantes felicitan a la Sra. Crossland durante la ceremonia.

Los estudiantes en L. O. Donald Elementary School siempre fueron maravillosos, bien portados y deseosos de aprender. Fueron atentos y bien educados.

Es difícil decirles adiós a quienes son nuestro futuro. Al prepararlos para el futuro, debemos inculcarles la importancia de la dignidad, porque el amor más grande está dentro de uno. Se viene un día glorioso. Me siento agradecida por poder verlo desde su comienzo. Nuestros niños abrirán la puerta. A todos mis hermanos, les digo: todo lo que soy y seré, se lo debo a Él.

Mary Crossland (der.) y su hija ven un video que conmemora sus 49 años de carrera en L. O. Donald Elementary School durante la ceremonia.
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